Ruta cátara: Albi

Actualizado: 21 abr 2020

Un poco de historia para empezar:


CIUDAD EPISCOPAL

Atravesada por el río Tarn, amplio y magnífico y cruzado por señoriales puentes, Albi está presidida por la soberbia Ciudad Episcopal, Patrimonio de la Humanidad. Ésta alberga la catedral de Santa Cecilia, la más grande del mundo construida en ladrillo; el palacio de la Berbier, antigua residencia de los obispos de Albi y hoy sede del Museo Toulouse-Lautrec; y cuatro barrios medievales que nacieron bajo la protección y tutela del obispado en el siglo XIII. El Castelviel (Castillo viejo, en occitano), cuna de la ciudad, es un pintoresco barrio de calles estrechas y casas con entramados de madera, lleno de cafés y restaurantes, una delicia para el paseo. También hay que recorrer el barrio del Castelnau (Castillo nuevo) y el del burgo St-Salvi, cuyos claustro y colegiata del siglo XII asocian arquitectura gótica y románica y, cómo no!, las riberas del río Tarn con el Pont-Vieux (Puente Viejo) construido en 1040 que fue clave de la prosperidad comercial de la ciudad en el Medievo. La visita al palacio de la Berbier (siglo XIII) descubre uno de los castillos más antiguos de Francia y de los mejor conservados y unos deliciosos jardines a la francesa. También son espectaculares sus vistas sobre el río Tarn y de la espléndida catedral desde su base.


DEL MEDIEVO AL SIGLO XIX

Al sentido de la vista hay que sumar los del olfato y el gusto en el Mercado Cubierto, una de las visitas imprescindibles en Albi. Construido en el siglo XIX, recoge la tradición de los mercados medievales, claves en la vida de la ciudad. Muy cerca se halla la casa románica más antigua de Albi, que data del siglo XII. El mercado está enclavado en el barrio que nació gracias a la prosperidad del comercio de los siglos XV y XVI que hizo que una burguesía adinerada creara una nueva zona con casas señoriales y grandes edificios civiles. Hoy, es el centro de la ciudad, el barrio comercial, con el Ayuntamiento y el Teatro Municipal.

A Toulouse-Lautrec seguramente le gustaría el Albi actual, con sus cafés y terrazas al aire libre, con sus paseos junto al río y su nutrida agenda cultural. Una ciudad donde la historia y el arte sorprenden a cada paso, en la que disfrutar y conocer mejor la obra de aquel artista de la bohemia parisina de finales del siglo XIX, que se fue a Paris para convertirse en un maestro indiscutible del post-impresionismo.

Sus inicios se remontan a la Edad de Bronce y en la Edad Media se creó el Obispado con el obispo San Clair, algo que pasó a ser seña de identidad de la ciudad. Y uno de los personajes que aporta más fama a Albi es el pintor Henri de Toulouse-Lautrec, mundialmente conocido por retratar la vida nocturna parisina y ser uno de los precursores de los carteles publicitarios.

Equipada de ladrillo rojizo y tejas bermejuelas, Albi seducirá por su ambiente de ciudad toscana, su amor por el arte y la elegancia de sus entramados. La Catedral de Albi es probablemente una de las catedrales más bonitas de Francia. Dedicada a Santa Cecilia y destaca por su arquitectura en ladrillo y su aire de fortaleza. Necesitó dos siglos para ser terminada, lo que permitió introducir un sinfín de elementos arquitectónicos y decorativos pertenecientes a diferentes estilos.

Sus dimensiones de 113 metros de largo por 35 de ancho y 40 de alto junto a la torre del campanario de 78 metros crean el conjunto que no deja a nadie indiferente. Además, se trata de una de las mayores catedrales pintadas de Europa, contando con pinturas renacentistas en la bóveda que son simultáneas a las de la Capilla Sixtina en el Vaticano.


Palacio de la Berbie

Fue la residencia de los poderosos obispos de Albi. Hoy alberga el museo Toulouse-Lautrec, consagrado al famoso pintor que nació en la ciudad en 1864. Este edificio junto a la catedral conforman lo que se conoce como Ciudad Episcopal de Albi, que se ha conservado muy bien con el paso de los siglos. Este museo alberga una gran colección de las pinturas y bocetos de Lautrec, además de otras colecciones permanentes de otros artistas contemporáneos, como Édouard Vuillard o Pierre Bonnard. Desde los jardines del Palacio Berbie se ofrecen unas fabulosas vistas sobre el río Tarn, que recorre la ciudad.

La casa natal de Toulouse-Lautrec se puede contemplar en la calle homónima y, aunque no se puede visitar, sí transmitirá al visitante una pequeña emoción al contemplar este lugar importante para el autor de cuadros tan míticos como En el Moulin de la Galette, el Retrato de Vicent van Gogh o La toilette.


El casco histórico de Albi es uno de sus grandes atractivos y por ello es que en 2010 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pasear por sus callejuelas medievales nos traslada a otra época. Entre sus estrechas calles coronadas por edificios con el popular ladrillo rojo de la zona se encontrarán bonitos y sorprendentes rincones. Un poco escondido entre estas callejuelas se encuentra el Claustro de Saint Salvi. Aunque tenga una parte que no se ha conservado y se ha convertido en jardín público, la otra muestra a la perfección lo que en su día fue.

Como toda villa medieval, Albi cuenta con su antiguo puente de piedra que cruza al río Tarn. Merece la pena cruzar este Puente Viejo de 150 metros de largo que fue construido en piedra a mediados del siglo XI para contemplar las vistas de la ciudad. Alejándose del centro histórico, se encuentra el parque Rochegude, que aunque no demasiado grande es un buen lugar para disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza.

Una buena actividad para realizar en la ciudad es pasear por los numerosos mercados que se implantan, como el mercado de los productos de granja Plaza Lapérouse los sábados por la mañana, el mercado biológico Plaza Fernand Pelloutier el martes o el mercado de la creación y los libreros calle Mariès el miércoles y sábado.


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