L' Abbaye de Frontfroide

Actualizado: 21 abr 2020


A sólo 14 km de Narbona se encuentra una joya muy bien conservada que en un inicio fué abadia benedictina, más tarde cistercense y hoy día es museo.


La visita dura aproximadamente 2 horas y media que repartes por todas las estancias: la Iglesia, el Claustro, la Sala Capitular y los jardines. En la entrada del recinto puedes comprar los tickets (11€) y por 2€ más te dan una tablet (debes dejar tu DNI) con la historia de cada una de las salas y dos recorridos a hacer.

La verdad vale la pena por las explicaciones históricas que ofrece y otros datos curiosos que te da, como por ejemplo que la rosaleda tiene 2500 rosales y se extiende sobre un antiguo cementerio.

Una vez franqueas la entrada llegas a los Jardines de Luis XIV desde los que se puede ver un pequeño patio con un pozo, unos jardines con flores y pequeños arbustos de setos y el claustro. Este patio interior es el corazón de la abadía.

En el callejón de los hermanos, una puerta de hierro forjado da acceso al claustro. El claustro fué construido en dos períodos distintos y en dos estilos diferentes: el primero entre finales del s.XII y principios del XIII es románico. Destacan el conjunto de columnas con capiteles de figuras con motivos vegetales, que sorportan arcos de medio punto. En la seunda mitad del s.XIII y cuando la abadía estaba en su máximo esplendor, se reformó con detalles provenientes del gótico que ya imperaba en la época. Así las columnas románicas fueron elevadas con un tímpano y se abrieron ojos de buey en diferentes partes.

En el interior de las galerías, las bóvedas ojivales se alzan ya a dos metros del suelo, por encima de los muros.

La construcción de la nave de la iglesia se inició en el 1145 cuando la Abadía se convirtió en cistercense. Cuenta con dos naves laterales con bóveda de cañón y alcanza los catorce metros. En la nave sur se abren cinco capillas, todas del s.XV. Las cinco vidrieras laterales de la zona norte representan la vida de San Francisco de Asís.

En la parte norte se abre una escalera que lleva directamente al dormitorio de los monjes. En cada uno de los brazos del crucero se abren dos capillas más.

En una de las salas puede verse una cruz de piedra y algunos restos de tumbas que se cree correspondían a los Vizcondes de Narbona.

El jardín es la parte más impresionante (después del claustro, claro) de todo el recinto de la abadía. Saliendo de la iglesia llegas a la rosaleda, que cmo ya he comentado antes tiene 2.500 rosas de colores diferentes. Pasando la rosaleda llegas a una zona donde encuentras lavanda, romero y lilas.

Desde allí y siguiendo una ruta accedes al huerto (donde hay una zona de apicultura), al bosque de las brujas (donde se encuentran toda clase de plantas medicinales) y la glorieta de Neptuno, donde hay una fuente enorme de mármol con un Neptuno.

En total los jardines y bosques que rodean la abadía suman 4000 hectáreas.



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